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La esencia del culto al Corazón de Cristo


P. Santiago Arellano HNSSC

Párroco del Sagrado Corazón de Jesús en Talavera de la Reina


Quiero explicar brevemente la esencia del culto al Corazón de Cristo a través de las palabras del Papa Francisco: “El Sagrado Corazón de Jesús es la máxima expresión humana del amor divino… es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios; pero no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la fuente de

la que ha brotado la salvación para la entera humanidad”.

Fíjense lo que dice el Papa: «Es la máxima expresión humana del Amor divino» Hay muchas expresiones del Amor divino.

Y Dios las usa todas: Él nos dirá en Isaías:  «Con el gozo del esposo con su novia se gozará en ti tu Dios» (Is 62,45). Un esposo enamorado es una expresión del Amor divino. También lo es un padre o una madre: «Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, pues aunque ella se olvide Yo no te olvidaré» (Is 49,13-15). También es una expresión humana del Amor divino un buen amigo. Por eso Jesús dirá: «A vosotros ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos» (Jn15,13-15).

El Amor divino se expresa en los padres, en los esposos, en los amigos, por eso el diablo intentará que no haya estos amores, para que nadie pueda descubrir detrás el Amor de Dios. Recuerdo que le dije a un preso de la cárcel de Ocaña: «Dios es tu padre». Y él me respondió enfadado: «¡Si mi padre era un alcohólico que nos maltrataba...!». Ese es el plan del diablo, que no se represente el Amor divino para que nadie pueda conocer a Dios en estas expresiones de su Amor. Pero como dice el Papa, «la máxima expresión humana del Amor divino» es el Corazón de Cristo, que, siendo el Corazón de Dios encarnado, es el corazón de un amigo fiel, un esposo enamorado, un padre bueno y todo lo que un corazón humano puede vivir. Es el «símbolo por excelencia de la Misericordia de Dios». 

La clave de nuestra fe es que tenemos un Dios que es Amor. Sin duda la  primera definición de Dios a Moisés en el Éxodo es «Yo soy el que Es», ahí nos dio su nombre, «Yahveh». Él es el que sostiene todos los seres. Él es el Creador y el hombre la criatura. Por eso nos dirá San Ignacio: El hombre es creado para alabar hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y mediante esto salvar el alma y todas las demás cosas son creadas para que le ayuden al hombre al fin para el que es creado (EE 23). Dios es el que es, es el Señor, es Yahveh, el que es.

Todo lo demás depende de su Ser. Somos suyos. Él es el Amo. Pero resulta que este Dios que podría exigir sus derechos de realeza por la fuerza, resulta que por definición es misericordia. En seguida se revela así: «rico en misericordia», en tener un corazón inclinado hacia nuestra miseria. Por su parte, San Juan nos dice que «Dios es Amor». Dios mendiga una respuesta de Amor. «El nombre de Dios es misericordia» dice el Papa, y es verdad. Lo que más le representa, lo que más le revela, es su amor misericordioso. San Agustín dirá que «el Corazón de Jesús es la Biblia». Es el lugar donde se resume todo lo que Dios nos quiere decir. Todo lo que Dios nos ha revelado está contenido en la Sagrada Biblia. El resumen y cumbre de la Escritura está en el Nuevo Testamento. El resumen y cumbre del Nuevo Testamento está en el Evangelio. El

resumen y cumbre del Evangelio está en el evangelio de San Juan. Y el resumen y cumbre del evangelio de San Juan está en el Corazón Traspasado de Cristo en la Cruz. Por eso San Juan dará tanta importancia a ese versículo: «Un soldado le traspasó el costado y al punto salió sangre y agua. El que lo vio y permanece bajo el efecto de esta mirada da testimonio». El corazón  traspasado, abierto, de Cristo revela el Amor de Dios. 




El Padre Ignacio de la Potterie (SJ) explica que los evangelios sinópticos en el momento de la muerte de Jesús, narran que el velo del templo se rasgó. El velo, que impedía el acceso al lugar más santo del templo, a la intimidad de Dios, se rasgó, es decir se abrió. San Juan pone ahí el costado traspasado de Cristo. El Corazón de Dios, la intimidad de Dios ha quedado para siempre abierta a nosotros.

Dice el Papa Francisco «No es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la fuente de la que ha brotado la salvación para la entera humanidad».

Claro que no es un símbolo imaginario. Un símbolo imaginario es, por ejemplo, cuando uno va por un paseo fluvial y se encuentra en un chopo, grabado a navaja, un corazón traspasado por una flecha y dos nombres. Es un símbolo de un amor entre dos personas, pero es imaginario. Jesús ha querido poner un corazón, pero no grabado  a  navaja,  sino real,  el suyo,  traspasado,   no por 

una flecha, sino por una lanza, y en un árbol, el árbol de la cruz. Es un símbolo real. Ese corazón murió traspasado. Pero al tercer día resucitó y ahora vive por amor a nosotros. Por amor a ti, querido lector, ahora está abierto y permanentemente brota de Él la salvación para ti. Recuerdo a un buen amigo mío, al que conocí siendo ateo. Desde joven había leído mucho a Nietzsche y consideraba verdadera la muerte de Dios. Fue invitado por una amiga suya a un retiro de nueva evangelización. Allí Jesucristo vivo le salió al encuentro. Este amigo me decía: «En esa imagen del Corazón de Jesús, con sus brazos abiertos y que me muestra su Corazón he descubierto que Dios está vivo y me ama».

Esta es la clave. Descubrir este principio y fundamento de nuestra vida que nos hace vivir para corresponder a este amor, con una vida de amor que te hace servir con respeto e intimar con agradecimiento y alabanza con el buen Dios. 



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